El Dilema
Hay momentos en los que no existe una decisión correcta, solo decisiones posibles.
Callar podía significar sobrevivir, pero también convertirse en cómplice.
Hablar podía ser un acto de valentía… o una sentencia.
Lo más inquietante del dilema no es la elección en sí, sino lo que queda después:
la duda constante de si se hizo lo correcto o solo lo inevitable.
Porque hay decisiones que no terminan cuando se toman.
Hay decisiones que te acompañan el resto de la vida.
Al bajar del tren, David lo vio claro: no había nadie mirando.
Los dos nazis que les habían guardado las espaldas durante el trayecto se habían despistado.
No pensó en cuál iba a ser su destino.
Lo que le importaba era no ir a donde le llevaban, aunque todavía no sabía cuál iba a ser ese nuevo hogar del que tanto alardeaban.
Lo que estaba claro, es que esos tipos vestidos de nazis no podían ser tan malos.
Al menos, no con ellos.
Pero ver cómo Hans, su hermano, le suplicaba con la mirada que no lo hiciera. Ser consciente de que se separaría de él y no saber cuándo se volverían a ver... le hizo quedarse a su lado.
Después de tomar esta decisión, hubo una pregunta que, cada día, atormentaba a David.
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