Lo bueno dura poco

Publicado el 27 de marzo de 2026, 8:29

Como no podía ser de otra forma, todo el lujo y poder que se vivía en las Juventudes Hitlerianas (y en Alemania en general) comenzó a perder fuerza.

 

Los niños alemanes pasaron de un extremo a otro: de presumir orgullosos de ser el futuro que mantuviera al Imperio en pie, a vivir rodeados de desasosiego, de miedo... de miseria.

 

Ya no iban de merienda al lago para hacer hermandad. Ya no había competiciones de hípica o de otros deportes.

Los niños ya no reían.

 

Ahora, los mayores de catorce años ya estaban preparados para ir al frente a dar la vida por su querida Alemania.

 

Mientras tanto, los más pequeños perdían la infancia buscando restos de metralla para enviar al frente.

 

Sorteando edificios derrumbados para colarse en casas que ya no estuvieran habitadas por nadie (o sí), en busca de latas de conserva y de retales de ropa para alimentar y abrigar a los suyos.

 

Se sobreentiende que esa pérdida de poder y autoridad de Hitler sobre Europa se debió, en buena parte, a las estrategias aliadas, sí.

 

¿Pero solo eso marcó el inicio del declive de Hitler en el poder?

 

¿Ofrecieron sus esperanzadoras Juventudes Hitlerianas toda la ayuda que él esperaba?